Desafío de la Diversidad en la Literatura: Debate y Polarización en la Sociedad Actual

a typewriter with the word cancel culture written on it

Días atrás, una bookstagramer cometió una fatal equivocación en Instagram: expresar una opinión políticamente incorrecta que tocaba, de modo poco feliz, cuestiones asociadas al género y al cuerpo de las mujeres. De eso no se habla, ni se escribe.

Más tarde se descubrió que su cuenta había sido hackeada por algo mucho más banal: dar una opinión negativa sobre un libro en Wattpad. Sin embargo, a pesar de las explicaciones, las consecuencias fueron inmediatas: la desvincularon de varios grupos y de algunas listas de colaboradoras editoriales.

Ariana Harwicz, en su libro “El ruido de una época”, analiza el fenómeno de la cancelación con ojo crítico y lo hace a partir de una experiencia personal. Un tweet en el que hacía referencia al régimen pinochetista para cuestionar, de modo irónico, el control de las redes sociales. No llegó a la cancelación pero la acusaron de ser una enamorada de las dictaduras latinoamericanas.

Y es curioso, pues la intolerancia que generan ciertas publicaciones que rozan valores sociales actuales (ej. cuestiones de género y medioambiente), no tienen su correlato en aquellas que mantienen sesgos discriminatorios más antiguos, como ser las diferencias religiosas o de clase social. Así, posteos netamente antisemitas, o que ponían en ridículo a chicos “bien” de una escuela primaria de Belgrano, fueron respaldadas por la vara de la «libre expresión». Mientras que el video que mostraba un «make over» de una persona en situación de calle fue fulimnado por estigmatizante.

En esta era, en que la diversidad debería ser la regla, la polarización está más viva que nunca en los comentarios violentos y en las campañas para «dejar de seguir» o «bloquear» a los que se atreven a cruzar la línea de la corrección moral.

¿Y en la literatura?

En el pasado, la censura estaba motivada por razones morales, políticas o religiosas. No es necesario remontarse al Medievo para encontrar ejemplos; durante el siglo XX, regímenes totalitarios prohibieron y quemaron libros que contradecían sus ideologías. Incluso hoy, en el siglo XXI, hemos visto casos como en Florida, donde se han prohibido ciertos libros en escuelas públicas por motivos políticos.

En la actualidad, obras clásicas están siendo revisadas para alinearse con los estándares de la sociedad moderna. Un ejemplo es «Los diez negritos» de Agatha Christie, cuyo título fue modificado para eliminar la palabra «negro». Otro caso es «Los Twits» de Roald Dahl, donde se eliminó el adjetivo «fea» al describir a la Sra. Twit.

Pero ¿es justo juzgar obras literarias del pasado con los ojos del presente? Creo que sí, siempre y cuando sea para leerlas y debatirlas. Sin embargo, reescribirlas es un error. Algunas obras trascienden épocas, mientras que otras están profundamente arraigadas en su contexto original, el cual no debería ser alterado. Al censurar o adaptar una obra para que encaje en el presente, estamos negando la existencia del pasado. Ni siquiera se nos permite evocarlo para contraponerlo a los valores culturales y sociales del hoy.

La cancelación

La cultura de la cancelación va más allá de un mero acto de censura tradicional. No solo busca prohibir una obra, sino también cancelar al autor. Esta «lapidación virtual» tiene consecuencias en la vida civil y económica del afectado: contratos editoriales rescindidos, libros retirados de las librerías, charlas suspendidas.

De hecho, parecería que el libro es lo menos importante. Lo que verdaderamente mira la gente es qué hace y qué piensa el escritor. Como dice Harwicz, un nuevo modelo de artista, con muchos seguidores y fans.

Hay que caer bien. Tener una buena imagen. Cuidado con lo que decimos y escribimos.

El miedo a esta suerte de “lapidación virtual” lleva a la autocensura. Autores que evitan tratar ciertos temas y una industria de producción en serie en la que todos publican lo mismo. A largo plazo, ambas consecuencias son perjudiciales para una sociedad que busca un equilibrio, ya que el discurso se atomiza y se eliminan las diferencias.

Una película que aborda este tema, a través de una mirada irónica y humorística, es American Fiction, en la que un autor afroamericano, para ser best seller, se ve obligado a escribir historias que ponen el foco en la marginalidad y la pobreza del colectivo que lo representa, aun cuando no está de acuerdo. Lo que nos muestra el film es que los estereotipos no desaparecen, simplemente mutan.

La literatura es disruptiva

La literatura, por naturaleza, es disruptiva. No se escribe solo para agradar, sino para cuestionar y provocar al lector, permitiendo que exprese su desacuerdo. No desde la censura, sino desde la discusión.

Fomentar la polarización dificulta el diálogo entre personas con diferentes puntos de vista. Al simplificar los debates y reducir las ideas a etiquetas, perdemos la riqueza y complejidad que la literatura ofrece.

Lo cual no deja de ser una paradoja: muchos defensores de lo políticamente correcto buscan unificar el discurso, sin permitir la diversidad de opiniones.

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Comentarios

2 respuestas a “Desafío de la Diversidad en la Literatura: Debate y Polarización en la Sociedad Actual”

  1. wow!! 91Desafío de la Diversidad en la Literatura: Debate y Polarización en la Sociedad Actual

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