Cómo lidiar con tus padres y sus geniales ideas cuando te aburres

Llegó el día esperado. El reloj pasó de largo y dormiste hasta las once de la mañana. A lo lejos, te despierta -aunque no tanto- el sonido de una aspiradora. De pronto, te eyectás de la cama pensando que llegás tarde al colegio, pero al instante te das cuenta de que ¡estás de vacaciones! Salís de tu guarida con el pelo despeinado, arrastrando tus mega pantuflas de piel ―prometo no contarlo― desperezándote como si fuera la última vez en tu vida que fueras a hacerlo y aterrizás en la cocina para el desayuno. Tus viejos no están, tenés la casa para vos ―dependiendo la edad que tengas, habrá alguna empleada dando vueltas lo cual facilita las comidas―, y no hay horarios. ¡Es el paraíso!
Pero como pasa también en el mágico edén, llega un momento en que todo te satura. No hay tareas que hacer, no hay clases de gimnasia o de fútbol, tus amig@s están en sus casas ―obvio que todavía no manejás ni tenés auto―,ya chateaste por un par de horas, viste dos series completas de Netflix, y las horas pasan lentas. Entonces, cuando tu viejos vuelven del laburo y te preguntan qué tal las vacaciones, a vos se te ocurre decir esas dos palabras que parecen extraídas de una tragedia griega: Me aburro.
En la tragedia griega sería algo así: Oh! Dioses del Olimpo. El tiempo detenido corroe mis entrañas, ¿qué puedo hacer para que avance más rápido y no caiga en el ensueño de los que se embolan sin remedio? Es posible que un griego no utilizara la palabra embole, pero dejémoslo así.
Vos decís que te aburrís y sucede una especie de terremoto, se caen los frascos de las estanterías, todo estalla por todos lados cuando tus padres se miran, te miran, les agarra la culpa porque no se pueden tomar ni un día de vacaciones ―alguien tiene que pagar las cuentas―, pero como algo tienen que inventar para que vos no te aburras, ahí nomás, aparecen las sugerencias: Que por qué no ordenás tu cuarto, que todavía hay lugar en la colonia, que van a organizarte un programa con los abuelos y otros etcéteras que no eran, precisamente, lo que buscabas.
Pues bien, si todavía no te dormiste leyendo este artículo, aquí van algunas ideas que podrían servirte:
1. Negocia como un profesional:
Si te proponen una salida a un museo de pintura, que es tan emocionante como quedarse en la cama mirando el techo, no es necesario que te tires al piso, llores como si se hubiese muerto Messi y patalees a más no poder. Mejor es negociar. Ofrecé una alternativa: Al museo van todos, ¿por qué mejor no buscamos un plan más original?
No te salgas con un viaje al caribe, o una pernoctada en el jardín cuando hacen dos grados bajo cero, ¡seamos realistas! Aquí será necesario que despliegues todo tu expertise en encontrar entretenimientos triple b: “bueno, bonito y barato”. Creeme, funciona siempre.
2. Desorden para expertos
Si tu vieja es del estilo Marie Kondo pero lo tuyo es más de dejar todo en cualquier lado, y no podés zafar de la genial idea de ordenar tu habitación, poné todo tu talento en contradecir a la japonesa con un manual experto en desorden: “cómo es que las remeras sucias apiladas sobre la silla favorecen la creatividad”.
Ya con tener que buscar argumentos para convencer a tu madre, te llevará toda una tarde. No vale ChatGPT. Después, lo podés monetizar: se lo vendés a tus amig@s para que ellos también zafen de la tarea.
3. Abuelit@ dime tú
En la era actual, los abuelos suelen estar ocupados trabajando. Y si tienen la suerte (¿o la desgracia?) de estar jubilados, tal vez anden escalando el Himalaya, o de Crucero por Europa o simplemente tomando mate, tranquilos, viendo el noticiero de la tarde. En todos los casos, no les entusiasma demasiado meterse en el shopping para llevarte al cine, junto con otros cien mil chic@s que piden a gritos pochoclo y gaseosa (no es joda: es como hipotecar la casa).
Si este es el caso, podrías proponerles una salida un poco más tranqui, que no los deje al borde de la internación. No, eso de visitar la feria del libro infantil y juvenil un viernes a las cinco de la tarde y hacer una fila de una hora para ver a tu bookstagramer favorito no sería el ejemplo perfecto. Pensá otra vez.
4. Corre, ve y dile
¿Tus padres mencionaron la colonia? Nada mejor que apelar a la técnica: “el otro dice que”. Aquí valen todos los ejemplos: Mi amig@ fulanito no va a la colonia, el Papá de menganito dice que la colonia es muy cara, la mamá de sultanito dejó de mandarlo porque les dan de comer porquerías. Asegurate que fulanito, menganito y sultanito no vayan a la colonia porque se pudre todo. ¿Quiénes son esos tres? Buscá en Google y vas a saber.
También podés apelar a un poco de tragedia (la griega no, de otra clase), como “no cuidan bien a los chicos, el año pasado una nena se fracturó el pie y no llamaron a los padres”. Pero no te pases: decir que un chico desapareció abducido por alienígenas podría no funcionar.
5. La niñera
¡Oh! ¡No! No caigas en la trampa de la niñera. Salvo que vaya a cuidarte Fran Drescher (otra vez no sabés quién es? ¡Google por favor!), o la estudiante de maestra jardinera que seguro te entiende a la perfección, te puede tocar la señora severa que pretende que te quedes quiet@ y ordenes todas tus cosas.
Si te llegara a pasar eso, volvé al punto 2 de este artículo y sabrás qué hacer. También le podés vender el manual a la señora severa para que no tenga que pedirle a los chic@s que ordenen sus cosas de acá en adelante.
6. Aburrirte es lo mejor que te puede pasar
Sé que suena contradictorio pero es así. Cuando el aburrimiento aparece, el cerebro entra en actividad. Si te toca quedarte varios días en casa, no podés combinar ningún paseo y tus padres trabajan (y tus abuelos andan por el Himalaya), en lugar de pedirle a tus viejos que te propongan salidas o actividades, mejor poné en remojo la materia gris y pensá qué podrías hacer en tu casa para entretenerte.
A lo mejor surgen grandes planes –nada de paracaídas, ¡que sean posibles te dije! ―para pasarla bien.
Si nada funciona, aprovechá el tiempo para ir más despacio y disfrutar de pequeños detalles de tu día a día. Puede que no sea como ir a Disney, pero tal vez te sorprenda.
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