Greta está en el auto y me habla. Dice algo, pero yo intento no escucharla porque no quiero que Mamá y Papá sepan que ella está conmigo. Papá conduce, Mamá mira por la ventanilla en silencio.
Greta es mala, me obliga a hacer cosas feas. Digo que son cosas feas porque cuando las hago, Mamá llora, Papá se enoja, después se pelean entre sí, hasta que llega el médico y me revisa. También discuten con el médico, pero él los calma, les pide que tengan paciencia y me dan chocolatada caliente. A Greta no le gusta la chocolatada, dice que es cosa de nenas. Pero a mi amiga Olga le gusta tanto como a mí. Olga es buena, siempre está contenta, le gusta bailar, cantar, correr descalza. Mi mamá no quiere que yo corra descalza porque me puedo lastimar los pies. Pero cuando Olga viene a verme me saco los zapatos y las medias y hacemos carreras por toda la casa.
Olga y Greta se odian. Olga dice que Greta quiere lastimarme. Greta dice que Olga es una niña estúpida. Cuando se juntan hablan las dos a la vez y no las aguanto. Discuten y tratan de decirme lo que tengo que hacer. Siempre gana Greta y Olga se va llorando, por eso hace mucho que no me visita. El doctor me dijo que si tomo las pastillas que tienen gusto a naranja, Olga se va a quedar más tiempo y Greta se va a volver buena. Yo le pregunté por qué ella no toma también los remedios, pero no me contestó.
Ayer a la tarde se me ocurrió que para que Olga regrese podía compartir las pastillas con Greta, así se ponía buena, pero a ella la idea no le gustó porque empezó a gritarme. Me decía que era una tonta, que solo las nenas bobas toman remedios, que mejor jugáramos a treparnos por el techo. Yo no quería, pero me habló cerquita del oído, como lo está haciendo ahora, bajito para que los demás no escuchen. Me prometió que si yo no le hacía caso, lastimaría a Olga con un cuchillo. Le contesté que no quería que le haga algo malo, entonces nos trepamos al tejado de la casa. Salimos por la ventana del cuarto de Mamá, que no tiene traba, es la única que puedo abrir.
Las tejas no estaban tan empinadas, podíamos caminar. Al principio tenía mucho miedo, por eso empezamos a movernos muy despacio pero cuando pisábamos, brotaba un sonido divertido, como si anduviéramos sobre latas. Greta se reía a carcajadas. Zapateamos más rápido para que el ruido sonara más fuerte, cada vez más rápido y más rápido. Ya lo estaba disfrutando. De pronto unos brazos me atraparon, mi papá me miraba con la cara toda colorada, escuché que mi mamá gritaba desde adentro. Cuando entré al cuarto ella se puso a llorar.
Vino el médico, pero esta vez no me dieron chocolatada. Solo se reunieron todos en la cocina un rato, mientras yo miraba televisión en la sala. Cuando se fue, mi mamá me abrazó muy fuerte. Mi papá me acarició la cabeza, me dio un beso en la frente, pero no dijo nada. Guardaron algunas de mis cosas en un bolso y me puse contenta porque nos íbamos de viaje.
Papá maneja muy rápido, miro los colores de los autos que pasan cerca. Greta sigue murmurando a mi oído. Me cuenta que Olga se quedó en casa, que la dejó encerrada en un placard, que no va a poder salir hasta que nosotros volvamos. No me gusta lo que dice, quiero que Olga también venga. Greta se ríe, comenta que el placard está oscuro, frío, seguro que hay cucarachas y a Olga le dan miedo los bichos. Mis brazos y piernas se empiezan a mover, no puedo pararlos. Greta sigue con su charla, mi cuerpo ahora se mece de atrás para adelante. Le digo que tengo que ir a buscar a Olga. Mi mamá no me escucha. Greta se ríe, yo grito que tengo que buscar a Olga. Mi mamá no se da vuelta. Greta me mira con cara burlona y dice que si tanto la quiero debería ir a buscarla. Abre la puerta del auto y yo salto.
