Las dos caras de la moneda

make up brush set

Lo superficial es más profundo de lo que parece. La frase me sorprende, no por su contenido, sino por quién la dice. No es la vendedora de una perfumería, con maquillaje impoluto y uniforme azul, ni el CEO de una empresa de cosmética. La reflexión proviene de un hombre de fe que, sin saberlo, acaba de quitarle culpas a las mujeres que pretenden verse un poco más bellas. Aunque su reflexión acerca del rostro y nuestro interior como caras de una misma moneda no tenga nada que ver con comprar labiales.

La excusa que nos reune esta noche, es el maquillaje y el cuidado de la piel. Un tema banal a los ojos de la humanidad en crisis, aunque relevante en el escueto cosmos de quienes hemos pasado los cincuenta años.

Florencia, otra cincuentona de cara lavada, que asegura haber evitado el bótox hasta ahora, pide permiso para fotografiar lo que escribí en mi teléfono. Le interesan las frases que se dijeron y quiere asegurarse de publicarlas más tarde. Aprovecho para preguntarle a qué se dedica y en dos minutos la historia de su vida cabe en el plato. No llego a pedirle reciprocidad en la charla, pues alguien hace sonar la copa para que prestemos atención.

En el centro de la sala, una chica rubia, vestida con pantalón negro y top al tono, explica que la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Florencia se apura a aclararme que la disertante es dermatóloga y que casi todas las asistentes del evento se atienden con ella. La dermatóloga repasa las rutinas de limpieza y afirma -más bien reasegura- que ninguna base se verá bien si la piel no está sana. Sus palabras se diluyen en el bullicio creciente de quienes ya lo han escuchado mil veces. Melody, otrora modelo y actual especialista en maquillaje, toma la posta para hablar de la importancia de las brochas. Más tarde confesará que vendió su departamento para invertir en ese negocio.

Es posible que su decisión se hubiese basado en estadísticas que afirman que los norteamericanos gastan un promedio de 110 dólares al mes en belleza. O que los españoles tienen un consumo per cápita de 166 euros. Y que Colombia es el país con mayor gasto en el rubro en Latinoamérica.

Las ventas de artículos cosméticos son tan importantes, que representan el 40% del mercado de la moda. Existe, desde el año 2001, un índice del lápiz labial que puede predecir una recesión económica. Sin embargo, las estadísticas importan poco y nada cuando el auditorio femenino ahoga el comentario. Melody acaba de decir que el pelo de la brocha es de ardilla y antes de que estalle el horror, aclara que no las matan. Sólo las relajan con música clásica y las esquilan.

La imagen de la ardilla rapada yace todavía en mi cabeza al momento del maquillaje en vivo. Sofía, una casi niña, pone manos a la obra sobre el rostro de su propia madre. Primero hidratamos, después la base, el corrector, el contorno. La piel es la tela de su pintura, y al movimiento preciso de su mano lo acompaña el paso a paso de la explicación. Un espectáculo en el que el tiempo se vuelve chicle y al que casi nadie presta atención. ¿Para qué, si sobran tutoriales en la red?

Con el postre llegan los sorteos. La indiferencia se transforma en hambre voraz: mujeres desesperadas por ganar cualquier cosa gratis, más no sea un agua micelar. El estuche de viaje despierta la envidia de más de una; el gel con vitamina C y ácido hialurónico va a parar a manos de una pelirroja. Rifan un desmaquillante porque es lo único que queda.

La suerte no me acompaña en esta ocasión en la que, finalmente, me acerco a preguntar cuánto cuesta un set de brochas de pelo de ardilla desestresada. Mi vista se detiene en el estuche rosado, la tela es tan suave como el pelo de las brochas. Necesito tenerlo, es como un impulso que viene desde lo más hondo y no es tan caro como pensaba. Saco la tarjeta de crédito en el preciso instante en que la turba avasalla con otros pedidos y debo retirarme con las manos vacías.

Cuando vuelvo a casa y recuerdo que debo quitarme el maquillaje, veo sobre la mesada del baño las dos brochas que compré hace tiempo y que jamás usé. Me pregunto si soy parte de las estadísticas o si lo superficial es más profundo de lo que parece.

Es que esas brochas no son de pelo de ardilla.

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