¿Y si las palabras no tuvieran nada que ver?

Coherencia. No sé si lo que escribo pueda llegar a tener racionalidad. Lo más probable es que lo haga pues la estructura es la que manda. Una cosa viene después de la otra, en orden. Me gusta el orden. Mantiene las cosas en su lugar. El lenguaje también tiene sus códigos, el secreto escondido en las letras. El reto es descubrirlo a través de la escritura, soltar la mano, escuchar. ¿Escuchar a quién? No se trata de prestar atención a lo que dicen los demás, es algo más íntimo, más profundo. Jugar con las palabras, el significado. Entender que nada de lo que pongo sobre la hoja tiene sentido. Coherencia. ¿Será acaso comprender el teclado de lo que quiero decir?
Despedida. Palabras bonitas que después se olvidan. Nos quedamos con el recuerdo editado de lo que pasó. Esculpimos los hechos a la sazón de lo que queremos mantener en la memoria. O lo que queremos transmitir a los demás. Una forma de armar el círculo de comienzos y finales. Un reto es traspasar aquello que parece que termina, pero nunca termina. La palabra es eterna. La escritura, polvo volátil. ¿No es la poesía imagen y sonido impreso en nuestra mente?
Volver. Cruzo el puente del tiempo hacia atrás. Regreso y me regreso al punto de inicio. Guardo los discursos en la valija junto a la ropa de quien fui por unos días. Si pudiera impregnarlo de papel y de palabras, entonces sería una historia. Trato de no pensar en la estructura. Ojo con los cierres dice el maestro y a mí me cuesta dejar las cosas en el aire. Me gusta el orden. Un ciclo redondo de comienzos y finales. Algo de coherencia.
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